«¿Esto es normal, o ya deberíamos empezar terapia de pareja?» Es probablemente la pregunta que más veces me han hecho en consulta. Todas las parejas discuten, todas atraviesan rachas difíciles, y no existe un termómetro que marque el punto exacto en el que una diferencia cotidiana se convierte en un problema que merece terapia. Pero la investigación sobre relaciones de pareja sí ha identificado patrones que, cuando se repiten, predicen bastante bien el deterioro de un vínculo — y reconocerlos a tiempo es la mejor forma de actuar antes de que se conviertan en costumbre.
Terapia de pareja: no es la frecuencia de las discusiones, es cómo discutís
El psicólogo John Gottman, tras décadas observando a miles de parejas en su laboratorio, llegó a una conclusión que sorprende a mucha gente: discutir mucho no predice la ruptura. Lo que sí la predice es la presencia de lo que él llamó los «cuatro jinetes»: la crítica (atacar el carácter del otro en vez de quejarse de un comportamiento concreto), el desprecio (sarcasmo, burla, poner los ojos en blanco), la actitud defensiva (responder a la queja con una contraqueja) y la evitación o «stonewalling» (desconectar, levantarse, dejar de responder) (Gottman y Silver, 1999).
Si os reconocéis en varios de estos patrones de forma habitual, es una señal más fiable que «discutimos mucho últimamente».
7 señales que conviene tomarse en serio
- Discutís por lo mismo una y otra vez, sin llegar nunca a un acuerdo ni siquiera parcial.
- Ha aparecido el desprecio: sarcasmo, desprecio, o una sensación de superioridad moral sobre el otro.
- Os cuesta reparar después de una discusión — el enfado dura horas o días, y nadie da el primer paso.
- Habéis dejado de contaros el día a día, no por falta de tiempo, sino porque ya no apetece.
- La intimidad física ha desaparecido y ninguno de los dos lo menciona en voz alta.
- Uno de los dos vive pendiente de no «encender la mecha», evitando temas enteros por miedo a la reacción del otro.
- Habéis empezado a imaginar vidas separadas, aunque sea de forma pasajera, con más frecuencia de la que os gustaría admitir.
Ninguna señal aislada significa que la relación esté condenada. Lo relevante es la acumulación y la persistencia: cuando varias de ellas llevan meses instaladas y ninguno de los dos sabe ya cómo salir del patrón sin ayuda externa.
Pedir ayuda no es reconocer un fracaso
Uno de los mayores obstáculos para pedir cita no es la relación en sí, sino la idea de que hacerlo significa que «algo va muy mal». En la práctica, muchas parejas empiezan terapia precisamente para evitar llegar a ese punto: para aprender a discutir de otra manera, recuperar la conexión que tenían antes, o simplemente entender por qué se enredan siempre en la misma discusión.
Si os habéis reconocido en varias de estas señales, no hace falta esperar a una crisis para dar el paso.
Muchas de estas señales tienen raíces en el estilo de apego de cada miembro de la pareja: quien evita el conflicto o quien lo busca constantemente suele repetir un patrón aprendido mucho antes de esta relación. Puedes leer más sobre esto en nuestro artículo sobre la teoría del apego de Bowlby en la pareja, que complementa bien el trabajo que se hace en terapia de pareja. Entender el propio estilo de apego ayuda a que la terapia de pareja avance más rápido, porque pone nombre a reacciones que antes parecían inexplicables.
Si quieres dar el primer paso, en esta página puedes pedir cita y contarnos vuestra situación.
Referencias
Gottman, J. M. y Silver, N. (1999). The Seven Principles for Making Marriage Work. Nueva York: Three Rivers Press.
Gottman, J. M. (1994). Why Marriages Succeed or Fail. Nueva York: Simon & Schuster.